martes, 21 de noviembre de 2017

Torrelavega: Revilla asiste junto a los alcaldes de los municipios afectados a la presentación del yacimiento de Jarramaya en la Sierra del Dobra/Emerita Resources presentará el dia 1 de diciembre su plan de inversiones y de trabajo


El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha asegurado hoy que el yacimiento arqueológico de la cumbre de Jarramaya, en la Sierra del Dobra, se suma a la gran riqueza arqueológica que tiene la Comunidad tanto bajo suelo como en superficie y que la convierte en "primera potencia mundial" en este tipo de patrimonio.
Así lo ha dicho Revilla en el acto de presentación del estudio de investigación realizado en este enclave por los arqueólogos Javier Marcos y Lino Mantecón a petición de los Ayuntamientos de Torrelavega y San Felices de Buelna. El acto ha tenido lugar en la sede del primero de estos consistorios y en él Revilla ha estado acompañado por los respectivos alcaldes, José Manuel Cruz Viadero y José Antonio González Linares, y también por el regidor de Puente Viesgo, Rafael Lombilla, entre otros.
El presidente ha señalado que se trata de un yacimiento "muy valioso" al tratarse de restos de un campamento bélico de la época visigoda (siglos VI y VI), de la que apenas existen vestigios en Cantabria. Según ha apuntado, las sociedades tienen cada vez mayor interés en conocer sus orígenes y ha trasladado el apoyo del Gobierno de Cantabria a toda iniciativa científica orientada a este fin.
Además, ha recordado que el futuro Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), que se levantará en Gamazo, será un "atractivo importante" para la región, un proyecto que tendrá ya sus primeras partidas consignadas en los Presupuestos de 2018 y que permitirá agrupar todo el material que actualmente se encuentra "disperso" en diferentes sedes.
Explotación de zinc en Reocín
Por último, Miguel Ángel Revilla ha felicitado la colaboración entre los ayuntamientos implicados para llevar a cabo este estudio en el yacimiento de Jarramaya que contribuirá a generar valor añadido en la comarca del Besaya.
El jefe del Ejecutivo ha señalado que ésta es, precisamente, una de las principales prioridades del Gobierno de Cantabria y, aprovechando su visita de hoy a Torrelavega, ha anunciado la presencia en la Comunidad, el próximo día 1 de diciembre, de representantes de la empresa canadiense (Emerita Resources) adjudicataria de una de las cuadrículas del proyecto de explotación en la mina de Reocín.
Revilla ha reiterado las importantes expectativas de generación de actividad económica y empleo que esta iniciativa va a suponer para el conjunto de la comarca del Besaya y ha confiado en que ese día, en el transcurso del acto que tendrá lugar en Santander con la presencia, entre otros, de los alcaldes de la zona, los empresarios canadienses ofrezcan "muy buenas noticias" en forma de plazos para el comienzo de la explotación e inversiones a llevar a cabo en torno a un proyecto sobre el que el presidente tiene "muchas esperanzas puestas" y que, según las estimaciones que maneja el Gobierno cántabro, podría generar del orden de 2.000 puestos de trabajo.
Por su parte, José Manuel Cruz Viadero y José Antonio González Linares han puesto en valor la trascendencia del yacimiento y confían en que suponga un revulsivo de interés turístico y cultural que dé valor y protección a la Sierra del Dobra.
Al término de la presentación, las autoridades se han trasladado hasta el lugar para comprobar in situ los hallazgos realizados y escuchar las explicaciones sobre el terreno de los autores del estudio.
El estudio
El yacimiento se encuentra situado en el límite entre estos dos municipios y, a tenor de las investigaciones llevadas a cabo, se sugiere que la fortificación del Jarramaya reciba la consideración de Bien de Interés Cultural (BIC) en base a que, según los autores del estudio, sus cualidades específicas "definen por sí mismas un aspecto destacado de la cultura de Cantabria".
La actuación desarrollada en el lugar ha consistido en la exploración del terreno, prospección electromagnética y realización de dos sondeos con sistemática arqueológica. Además, se han llevado a cabo labores de topografía, fotogrametría y fotografía aérea, así como otras de desbroce y limpieza vegetal.
Javier Marcos Martínez y Lino Mantecón Callejo consideran "muy relevantes" los resultados obtenidos de cara al enriquecimiento del patrimonio cultural y arqueológico de la Comunidad Autónoma.
Por una parte, se han registrado evidencias materiales de la Guerra Civil Española, aunque el interés patrimonial se encuentra en los vestigios de la fortificación. La labor científica ha logrado identificar restos de un pequeño campamento bélico que guarda semejanzas formales con los utilizados por los romanos en las Guerras Cántabras (29 a 19 a.C), de los que se conoce un número elevado en la comarca del Pas-Besaya.
La muralla principal se confecciona por un caballón de tierra ('agger') con calces en piedra, junto con una posible estructura de postes y entramado de madera. La intervención arqueológica ha logado recuperar material asociado al fortín y, tras el análisis en un laboratorio de Miami (EEUU) de una muestra de carbón extraída de un empedrado, se datan estos restos entre los siglos VI y VII.
El estudio apunta, por tanto, que la adscripción cronológica a tiempos tardoantiguos convierte a la fortificación de la cumbre del Jarramaya en una singularidad a escala del norte peninsular que abre un campo de investigación sobre este periodo de la historia de Cantabria y que se configura como uno de los muy escasos yacimientos arqueológicos al aire libre de la época.
De confirmarse fehacientemente su identificación como campamento de campaña militar, se suscita una línea de investigación vinculada con las diversas campañas de hostigamiento del poder visigodo y de otros reinos por el control político de esta región cantábrica. Cabe mencionar, entre otras, la conquista de Cantabria y la toma de la capital Amaya por el monarca visigodo Leovigildo, en el año 574, o la campaña de sometimiento del rey Sisebuto (612-621), que, según las fuentes consultadas, llegó hasta orillas del mar, destruyendo algunas ciudades hasta sus cimientos.
Los autores consideran que el enclave puede ser interpretado como una 'clausurae' o pequeño castillo de control típico en este periodo histórico y, en ese caso, se podrían establecer conexiones con alguno de los recintos fortificados existentes en la Sierra del Dobra.
Asimismo, concluyen que la caracterización crono-tipológica de la fortificación del Jarramaya resulta muy interesante para la lectura formal de las complejas manifestaciones campamentales, que no en todos los casos responden al conflicto de la conquista romana de Cantabria a finales del siglo I antes de Cristo.

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